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Año Jubilar
50 años de la Canonización de
Santa Beatriz da Silva
Fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción
(Madres Concepcionistas)


Video (15 minutos) sobre la vida
de Santa Beatriz de Silva.
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INFORMATIVO DE
LA CAUSA DE
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Nº 121 - Agosto 2026
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"Vida Admirable"  de la Sierva de Dios Madre Patrocinio
Este escrito es una carta o plática espiritual que Sor Patrocinio dirige a sus "hermanas muy amadas" de comunidad, tomando como punto de partida la certeza de San Pablo: "Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les contribuyen al bien" (Rom 8, 28). A partir de ahí, la autora se propone explicar las condiciones que debe reunir el verdadero amor a Dios, y en estas páginas desarrolla con detenimiento las dos primeras.

La primera es que ha de ser generoso: total, desinteresado, que ame a Dios por ser quien es y no por los consuelos o regalos que de Él se reciban, "aunque no hubiera cielo ni gloria que esperar". La segunda es que ha de ser humilde: fundado no en el temor servil, sino en la confianza filial de quien se sabe hijo adoptivo de Dios.
El grueso del texto está dedicado a un problema muy concreto de vida interior: la desolación espiritual, es decir, la angustia del alma que, tras haber gustado antes los consuelos de Dios, deja de sentirlos y teme haberlo perdido o haberle ofendido. Sor Patrocinio responde con firmeza doctrinal, apoyándose en la Escritura y en autores como San Pablo, San Juan, San Agustín, San Bernardo, San Juan de la Cruz y San Ambrosio: la ausencia de consuelo sensible no equivale a la ausencia de Dios, pues basta el estado de gracia para que Él habite en el alma; solo el pecado, no la sequedad, aparta verdaderamente de Él.
Cierra el escrito con un llamamiento a la caridad fraterna entre las hermanas y a la oración mutua, y lo firma como "vuestra hermana que os ama en los Sagrados Corazones de Jesús, María y José".

Una maestra de espíritu en su propia comunidad
Esta carta muestra a Sor Patrocinio en el terreno que ella misma consideraba propio: el de madre espiritual que instruye, con sencillez y hondura doctrinal, a las hermanas que Dios le había confiado. Es la Sor Patrocinio menos conocida y quizá más reveladora: la que, lejos de los escenarios de la corte, se sienta a escribir para el bien del alma de sus hijas en religión.

Una doctrina sólida, no un sentimentalismo piadoso
Llama la atención el rigor con que construye su argumento. No se limita a exhortar: distingue, matiza y previene errores. Cuando trata la humildad, advierte expresamente que puede haberla "con fingimiento" y humildad verdadera, y cita al apóstol San Juan -"probad los espíritus si son de Dios"- para poner en guardia a sus hermanas frente a virtudes aparentes. Esta preocupación por discernir lo genuino de lo falso, tan propia de la gran tradición mística española, cobra un relieve particular en su caso: quien tanto tuvo que defender la autenticidad de sus propios dones extraordinarios enseña aquí, con serena autoridad, a examinar los espíritus antes de fiarse de ellos. Es un testimonio, desde dentro de su magisterio espiritual, de la prudencia y ortodoxia con que vivió su propia experiencia mística.

La desolación convertida en enseñanza
El pasaje más extenso y personal del texto es el dedicado a la desolación interior: esa noche en la que el alma, privada de los consuelos que antes recibía, se pregunta angustiada si Dios la ha abandonado. Sor Patrocinio no despacha el tema con fórmulas fáciles; lo recorre con la delicadeza de quien lo conoce por dentro, evocando incluso la imagen entrañable de la madre que, ausente el hijo, repite "nada me contenta" aunque nada le falte. Late aquí, sin que la autora lo diga expresamente, el eco de su propia vida marcada por el sufrimiento -el que ya lleva en su nombre religioso, "de las Llagas"- transformado en luz para otras. Su respuesta, enraizada en San Juan de la Cruz y en la doctrina común de la Iglesia sobre la fe como "camino" en medio de la oscuridad, es la de una guía experimentada: la sequedad no es abandono, y el alma en gracia posee a Dios aunque no lo sienta.

Humildad y caridad fraterna, virtudes en acto
No es casual que Sor Patrocinio se presente a sí misma, al comenzar, como "la más atrasada en los caminos de la virtud" de entre sus hermanas, ni que cierre el escrito pidiendo que se acuerden de ella en sus oraciones como "la última, la más joven". Esta autopercepción, lejos de ser una fórmula retórica, es coherente con todo lo que enseña sobre la humildad verdadera: la que nace de la propia pequeñez ante Dios y, precisamente por eso, no teme ni se acobarda, sino que confía. En páginas como estas, escritas para el bien ajeno y no para sí, se puede reconocer ese ejercicio callado y constante de las virtudes que la Iglesia busca discernir en toda causa de beatificación: la fe vivida sin ostentación, la esperanza sostenida en la prueba y una caridad que se derrama, sin ruido, sobre quienes tiene más cerca.

Una invitación
Leído hoy, este escrito de la Sierva de Dios Madre Patrocinio conserva intacta su utilidad espiritual: quien atraviese horas de sequedad o desaliento en su vida de oración encontrará aquí, de la mano de una religiosa que conoció bien el sufrimiento, razones sólidas para no desanimarse y perseverar en el amor a Dios. Invitamos a quienes visiten estas páginas a leerlo con ese mismo espíritu, y a unirse en la oración por el feliz término de su causa de beatificación.